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Posts Tagged ‘historia’

Recientemente se ha otorgado en México el Premio Nacional de Ensayo Raúl Rangel Frías a la catedrática de la Universidad Iberoamericana, Margarita Ponce Torres. Durante el acto de entrega del premio pronunció unas palabras que cito a continuación:

Actualmente tenemos una crisis en la educación, el ser humano ha perdido sus raíces culturales“, destacó la académica, “por lo que necesita reinsertarse y reconstruir su relación con los otros y la naturaleza“.

Ponce Torres destacó que esto sólo puede lograrse por medio de una vuelta al humanismo, y de una nueva paideia, para recobrar nuestra dignidad como humanos.

Una vuelta a un humanismo, renovado e incluyente, y una reflexión en torno a los valores, para crear un ser humano que no discrimine, que entienda sus parentescos con los demás seres vivos“, puntualizó.

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“La Venus del espejo”. El Cuadro estrella de la exposición de Velázquez

A principios de este año acudí a las exposiciones del Greco y de Velázquez que organizó el Museo del Prado. Recuerdo lo instructiva que me resultó la del maestro sevillano. Instructiva y esclarecedora acerca de algunos aspectos de la génesis de su obra. Recuerdo también la incomodidad y el gran inconveniente que suponía la presencia de tantas personas en las salas. ¿Es posible establecer la comunicación con la obra en estas circunstancias? ¿O debe uno contentarse sólo con mirar? Porque a eso iba mucha gente: a mirar, a ver, a estar ahí sólo por una simple y sana curiosidad para luego decir: “Ahí estuve yo”

Las mismas sensaciones con el Greco. Me impresionó gratamente la contemplación de los monumentales lienzos destinados al retablo de la iglesia del Colegio de Doña María de Aragón, a pesar de no encontrarse en su emplazamiento original. Mientras realizaba el esfuerzo de dejarme absorber por las pinturas entre tanto ruido y movimiento pensaba la cuestión acerca de la importancia que tiene en este tipo de pinturas el emplazamiento al que va originalmente destinado, de cómo repercute en la concepción de la obra. Idéntico planteamiento se puede hacer con la música. Cuántas obras compuestas originalmente para ser interpretadas en el ámbito de una iglesia pierden parte de su esencia al ser escuchadas en recintos distintos.

Recuerdo también la sensación de disgusto (¿frustración?) que me produjo contemplar los cuadros del Greco en un entorno que no fuera Toledo. Me pareció una especie de amputación. Además pensaba que aquellos lienzos debían contemplarse en silencio y no en medio del bullicio grosero y desconsiderado de los visitantes, muchos de los cuales no dedicaban más de diez segundos a cada cuadro. ¿No fueron estas obras concebidas para la contemplación y la devoción silenciosa? Exhibidas en estas condiciones se ven reducidas a meros objetos de museo ¿No se pierde algo en esta opción reduccionista? Bueno, luego pensé, quizá esto es lo que llaman democratización de la cultura o cultura para el pueblo.

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 Anoche tuve la ocasión de escuchar la Misa de Gloria de Puccini, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y su Coro, con el tenor José Bros y el barítono Ángel Ódena, dirigidos todos por Jesús López Cobos. La sensación que me produjo su escucha es contradictoria. Por un lado es indudable que se trata de una composición hermosa que supone un claro precedente del arte que el compositor de Luca nos iba a dejar en sus óperas inmortales Por otro lado encuentro en ella el irresoluble dilema de clasificar esta obra como religiosa, a pesar de tratarse de una misa. Al igual que sucede con las obras “sacras” de otros maestros italianos (como p.ej. Rossini y su Stabat Matter o Verdi y su Réquiem) estas composiciones se alejan mucho del contenido al que se suponen están destinados. El lenguaje es operístico y la forma en que se establece el diálogo – si es posible dentro de estas coordenadas – con Dios transita dentro de los parámetros de las pasiones netamente humanas no habiendo lugar para sentimientos elevados, salvo aquellos producidos por los abrumadores tutti de por ejemplo el Gloria en Puccini o del famoso Dies Irae del réquiem verdiano.

 En estas obras no es posible por tanto, la estimulación de la meditación contemplativa sino la recreación de las pasiones y sentimientos que solemos identificar en las relaciones interhumanas. Aquí se produce un claro cruce y enfrentamiento entre la sublimación o elevación del alma hacia Dios, objetivo del arte verdaderamente sacro, y aquel de las sensaciones de la estética artística laica. Ejemplos en la música del primero lo tenemos en el canto gregoriano o de la iglesia ortodoxa, del segundo en la que estamos comentamos y en la gran cantidad de obras surgidas después del Renacimiento, donde el compositor se interpone entre la el escuchante y el fin al que se supone esta destinada la música.

 Aquí les dejo un fragmento de la Misa de Gloria de Puccini. Se trata del Gloria, a cargo del coro Rossini Sassari que encontré en You Tube. Para mi gusto el Coro de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria estuvo mucho mejor, sobre todo porque mostraron un mejor empaste de las voces.

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La obra para órgano más conocida de Johann Sebastian Bach ha sufrido multitud de adaptaciones e interpretaciones poco favorables. Se trata de una composición de juventud ( época de Weimar, antes de 1708). El estilo de la pieza es bastante ecléctico pero a pesar de ello el genio de Bach logra mantener la cohesión de la estructura. La regularidad y el formalismo de la fuga contrasta con el principio de caracter improvisatorio. Se cree que esta fuga procede de una compuesta originalmente para violín. Junto a la versión de Koopman muy sencilla y poco recargada tenemos esta de Karl Richter quien siendo fiel a su estilo añade ese punto de dramatismo y tensión al que nos tiene habituado en sus lecturas de las cantatas bachianas.

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 Estos días estoy leyendo el libro del profesor, Santiago Sebastián: “Mensaje Simbólico del Arte Medieval. Arquitectura, Liturgia e Iconografía”. Se trata de un esclarecedor trabajo sobre la importancia que tiene el estudio de la simbología en la apreciación del arte de esta época por tratarse de un elemento indisociable del mismo. Para el estudioso turolense (fallecido en 1995) la iconografía es inseparable de la Historia del Arte, debiendo existir entre ambas una estrecha colaboración. Así, por ejemplo, los elementos arquitectónicos de las iglesias románicas – su distribución, estructura, participación de los elementos decorativos… – están interrelacionados con  la función a la que se destinan. Por ello es necesario, si se quiere captar la verdadera belleza de estas construcciones, conocer muy de cerca el significado, así como el desarrollo, del ritual cristiano, de la liturgia.

 

A través de la abstracción simbólica el hombre era partícipe de un conocimiento trascendental, cuyo contenido no se presta a la comunicación por medio de la palabra escrita. Los gestos, las imágenes, la distribución de las naves, el ábside, la cúpula y en definitiva, todos los elementos que participaban en la decoración del interior del templo románico, contribuían a recrear el clima meditativo y contemplativo adecuado, favoreciendo la conexión con esa otra realidad. Situación esta muy difícil de recrear hoy en día debido a que el hombre ha perdido la frescura mental necesaria, ha perdido la inocencia del hombre medieval, cediendo el conocimiento abstractivo o “mágico” su puesto a ese otro mucho más cómodo, directo, seguro como es el conocimiento racional, con toda su batería conceptual a cuesta.

 

El capítulo de introducción del libro esta dedicado al símbolo y a la naturaleza simbólica del hombre, quien no es – en contra de lo que tenemos asumido – un animal racional, sino como ya lo definió en su momento el filósofo E. Cassirer, – a quien cita el profesor Sebastián – un animal symbolicum, porque: “al lado del lenguaje conceptual hay un lenguaje del sentimiento, al lado del lenguaje lógico o científico está el lenguaje de la imaginación poética. Al principio, el lenguaje no expresa pensamientos o ideas, sino sentimientos y afectos.”(Ernst Cassirer. Antropología filosófica, 1948, p. 49). El poder que el hombre ha otorgado al símbolo parte de una necesidad que consiste en su apertura hacia el mundo por medio de un camino que va más allá de la razón. De aquí que recurrimos a los símbolos para expresar conceptos que no podemos definir o comprender del todo: “Para aprehender los objetos del mundo, lo mejor es identificarse con ellos como hace el hombre primitivo; los esquemas del pensamiento de este hombre no son comparables a los nuestros porque para él no hay separación entre lo que llamamos objetivo y subjetivo.”

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