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Archive for the ‘Humanidades’ Category

Recientemente se ha otorgado en México el Premio Nacional de Ensayo Raúl Rangel Frías a la catedrática de la Universidad Iberoamericana, Margarita Ponce Torres. Durante el acto de entrega del premio pronunció unas palabras que cito a continuación:

Actualmente tenemos una crisis en la educación, el ser humano ha perdido sus raíces culturales“, destacó la académica, “por lo que necesita reinsertarse y reconstruir su relación con los otros y la naturaleza“.

Ponce Torres destacó que esto sólo puede lograrse por medio de una vuelta al humanismo, y de una nueva paideia, para recobrar nuestra dignidad como humanos.

Una vuelta a un humanismo, renovado e incluyente, y una reflexión en torno a los valores, para crear un ser humano que no discrimine, que entienda sus parentescos con los demás seres vivos“, puntualizó.

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Mucho se ha hablado sobre el perfil humano e intelectual del hombre y la mujer contemporánea. Se dice de ellos que son seres re-productivos y re-colectivos en oposición a productivos o creativos, referidos estos últimos términos al homo-faber que crea o fabrica objetos de nueva factura, previamente inexistentes. Es sintomático de nuestra cultura actual el afán por recolectar o acumular bienes de procedencia ajena en vez  de crear objetos propios. Es habitual recurrir al copiar y pegar, al comprar-acumular-coleccionar,  al formarse una opinión “propia” por medio de  un proceso de collage, consistente en un recortar de aquí y de allá opiniones expresadas por otras personas con o sin autoridad moral en el asunto, en vez de realizar todas estas actividades de manera ex-nihilo. Esta actitud acomodaticia, de pereza mental, es consecuencia directa de una concepción del ser humano que hunde sus raíces en la Ilustración. El sujeto se ha vuelto algo anónimo, desligado de unos principios éticos y morales, encontrando compensación a esta situación por medio de gratificaciones materiales en forma de pago retribuido a su esfuerzo físico (trabajo) o en forma de prebendas  o ventajas de tipo económico (gran poder adquisitivo, acumulación de bienes materiales…) que se convierte en motivo de relevancia y distinción social alejando el fantasma del anonimato alienante y aportando un sentido a “esta” existencia.

  El asunto es aún mucho más complejo como para intentar explicarlo en unas cuantas líneas. Son muchos los pensadores que han abordado este tema tan actual y tan difícil de solventar máxime cuando existen determinadas opciones políticas que tacharían una explicación como la precedente de doctrinaria y falsa. Entre los numerosos seres “improductivos” que no han hecho otra cosa mejor que  pensar, se encuentra el psicólogo-humanista, Erich Fromm. Debido a su especialidad aborda el problema de la creatividad desde una perspectiva que escandalizaría a más de una  mente imbuída del racionalismo más feroz por promover un enfoque cuya lógica parte desde un concepto de la conciencia que nada tiene que envidiar de las doctrinas defendidas por el espiritualismo orientalista.

Para Fromm, la capacidad de asombro es fundamental para que se den las condiciones necesarias de una actitud creativa. Con esto quiere decir que debemos mantener cierto grado de ingenuidad, humildad, de disponibilidad para dejarnos afectar por los estímulos de la realidad circundante que posibilitarían la germinación de una idea o el principio de la  misma. Este es uno de los principales escollos que nos encontramos debido a que nuestro pensamiento ha crecido y se ha desarrollado dentro de la cultura de la sospecha, del relativismo moral y de la duda estéril. Los pre-juicios, y el denso aparato conceptual que aplicamos en cada proceso receptivo ahogan la sensibilidad. Es necesario por tanto una apertura plena, una total receptividad dirigida y concentrada al objeto de nuestro interés. Es lo que Fromm llama “capacidad de concentración”: Si me concentro plenamente, lo que se hace en cada momento es la cosa más importante de la vida. Si me concentro cuando hablo con alguien, cuando leo, cuando camino, cuando desarrollo cualquier actividad, no hay nada más importante que lo que hago aquí y ahora.

En esta forma de estar-en la realidad, en esta forma de experimentarse así mismo y al entorno se encuentra las bases la creatividad personal puesto que conduce a una vivencia del yo como el verdadero centro del mundo y verdadero artífice de mis actos. El significado de ser original se reduce a esto, nada que ver con esa ansiosa lucha a la que muchos nos vemos abocados de descubrir algo nuevo, porque yo soy el centro de la experiencia: me experimento como “yo” sólo en el proceso de mi relación con los demás o, sobre  la base de una actitud creativa(…)Tiene que dejar de aferrarse a su ser como cosa, debe empezar a percibirse sólo en el proceso de respuesta creativa.

El Conflicto y la Tensión

 Una de las consecuencias inmediatas de la sociedad del bienestar es el rechazo del conflicto y la tensión. Tras un lento proceso de reblandecimiento de las voluntades y de la mente el homo- tecnológicus es un ser que rehúsa el compromiso, es insolidario y huye de la acción y de la toma de decisiones comprometidas cuando estas no tiende a resolver cuestiones que afectan a sus intereses personales o a su entorno más inmediato. Esta actitud parte  de la creencia de que los conflictos son dañinos y que por tanto es preciso evitarlos, cuando lo verdadero es precisamente lo contrario. Estos conflictos son el origen del sentimiento de asombro y del desarrollo de la fortaleza (de lo que antes se denominaba carácter). Como afirma Erich Fromm: “Si se evitan los conflictos, uno se convierte en una máquina bien engrasada, donde todo afecto se nivela de inmediato, donde se automatizan todos los deseos, donde se homogenizan todos los sentimientos”. Y concluye: “Tomar conciencia de estos conflictos, experimentarlos profundamente, aceptarlos no sólo en un plano intelectual, sino también en el sentimental, es una de las condiciones de la creatividad”.

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Lo real emparentado con lo natural y aplicado a la condición humana engloba todos aquellos conceptos contrarios a una idealización de la vida humana basada en un determinado uso y sobre valoración del concepto de la razón por parte de sistemas filosóficos y políticos que hacen una abstracción del ser humano al convertirlo en un objeto mensurable, entendiendo su existencia exclusivamente en su relación con una colectividad, grupo o clase social en la que participa, indiferenciado del resto por omitirse aspectos vitales de su personalidad.

Algunas realidades:

El ser humano es un ser de frontera. En él se encuentran los límites entre el mundo material y el espiritual. Ambas realidades conforman su personalidad y prescindir de una de ellas en favor de la otra acarrea nefastas consecuencias. Basta con mirar el estilo de vida del hombre moderno para darnos cuenta de cómo esas libertades e igualdades que disfruta – y de las que se cree merecedor – enmascaran realmente un vil servilismo a las modas, al consumo, a las deidades paganas nacidas y sustentadas en la nada de esa gran fantasía que es el progreso tecnológico y científico, verdadera vara de medir de todos nuestros valores y principios como especie.

El hombre es un ser histórico, configura su realidad física y espacial en función de una herencia, de un legado. Una realidad ésta, que se aplica tanto a la historia privada, individual, como a la historia de una colectividad, de un país. La necesidad de identificación con un pasado vivido es propia del género humano y contribuye a conformar su personalidad, su identidad. Modificar, manipular o suprimir este valor supone un verdadero atentado contra la libertad y dignidad de las personas por privárseles de un derecho que es connatural a nuestra especie.

La persona humana no es un ente fijo, está constantemente cambiando, evolucionando. En ese proceso tiene una función primordial el pensamiento, la reflexión, el cuestionamiento permanente de los distintos aspectos del mundo que le rodea. Por ello es necesario inculcar el desarrollo del espíritu crítico desde la infancia, enseñar a pensar por sí mismos para vivir auténticamente en libertad, más allá de todo tipo de peligrosos adoctrinamientos encubiertos bajo un elocuente paternalismo estatal.

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