La obra para órgano más conocida de Johann Sebastian Bach ha sufrido multitud de adaptaciones e interpretaciones poco favorables. Se trata de una composición de juventud ( época de Weimar, antes de 1708). El estilo de la pieza es bastante ecléptico pero a pesar de ello el genio de Bach logra mantener la cohesión de la estructura. La regularidad y el formalismo de la fuga contrasta con el principio de caracter improvisatorio. Se cree que esta fuga procede de una compuesta originalmente para violín. Junto a la versión de Koopman muy sencilla y poco recargada tenemos esta de Karl Richter quien siendo fiel a su estilo añade ese punto de dramatismo y tensión al que nos tiene habituado en sus lecturas de las cantatas bachianas.
